Penumbras. El aire pesado mezcla de calor de octubre y humo de cigarrillos no circula porque la persiana baja nos permite hacer de cuenta que no es un martes a las cinco de la tarde. Dos mil uno todavia es de Kubrick y no hace pensar en muertos en las calles. Todo vuelve cada vez que escucho su canción y no son sólo imagenes, lo siento en la piel por esa magia que tiene la musica.
Somos cuatro los que nos juntamos después de clase a hacer un trabajo practico pero desde que llegamos estamos escuchando musica y tomando cerveza en dos camas de una plaza.
El dueño de casa vino con el invento de meterle licor de menta a la botella de cerveza. Es horrible pero la verdad es que tomamos lo que hay sin pretensiones. Ahora parece dormido abrazado a la que va a seguir siendo amiga de ambos muchos años más, asi que podria ir hasta la cocina a buscar una nueva y más fresca.
En eso pienso parado frente al equipo de CD con una quilmes tibia agarrada del cogote en una mano y el librito del disco de Viejas Locas que está sonando en la otra. Desde la otra cama me ignora la que nunca le pude decir cuanto me gustaba. Llegó hace un rato porque antes se fue con uno al que le manguea porro.
"¿Como tengo los ojitos?" me preguntó muerta de risa apenas cruzó la puerta, sabiendo que la iba a cagar a pedos por dejarnos esperando. En cambio me hizo reir como si hubiera estado fumando con ella y pasó de largo a tirarse en la cama con la impunidad con la que hacia todo. Obvio que sabe bien lo que nunca dije, pero no se aprovecha como la vi hacer con otros. En una de esas querría que se lo diga, pero ella no tiene ICQ y yo no digo esas cosas en voz alta porque soy de esos que se visten de negro y no bailan.
Se tambalea con gracia cuando se para y hasta parece que en realidad baila mientras se me acerca a centimetros y me saca la botella que me cuelga al lado del muslo. Con el pelo despeinado, las lagañas colgando y un agujero en el pantalón, la canción la describe como si estuviera escrita para ella y me mira de costado sonriendo picara mientras le pega un chupon que me hace soñar con ser botella. Ahora sí esta bailando, apenas. Dentro de poco la voy a ver por última vez, pero cada vez que suene esta cancion voy a estar de nuevo fisicamente es esa habitación aunque en el medio pasaron décadas. El negro sigue, pero de vez en cuando me permito patear un rato y decirle a alguna cuanto me gusta.
Quizá no quería que lo dijera en voz alta. Así todavía me podía tratar como a un igual y reirnos mientras me contaba lo boludos que son los tipos que se creen que la pueden chamuyar. Justo a ella, que es chamuyera y media.
Quizá hablar me hubiera convertido en otro gil más al que ventajear por pajero, como todos los demás. Uno se inventa las excusas que necesita para seguir y no pensar en que capaz ella también tenia algo para decir, algo fuera de personaje que no podía salir.